Asamblea Apostolica de la fe en Cristo Jesus
Distrito Noreste, Sector # 3
Nuestros Principios Doctrinales
1. LA IGLESIA
Creemos que la Iglesia de nuestro Señor Jesucristo es una, universal e indivisible, formada por todos los hombres, sin distinción de nacionalidad, idioma, color o costumbres, que hayan aceptado a nuestro Señor Jesucristo como su Salvador y hayan sido bautizados en el cuerpo por el Espíritu Santo (1 Corintios 12:13). Los vínculos que unen a los miembros de la Iglesia son el amor y la fe común y su estandarte o bandera es el Nombre de Jesucristo, ante cuyo emblema marcha gallardamente la Iglesia, imponente como ejércitos en orden (Cantares 6:10). 

2. HAY UN SOLO DIOS
Creemos que hay un sólo Dios que se ha manifestado al mundo en distintas formas a través de las edades y que especialmente se ha revelado como Padre en la Creación del Universo, como Hijo en la Redención de la humanidad, y como Espíritu Santo derramándose en los corazones de los creyentes.
Este Dios es el Creador de todo lo que existe, sea visible o invisible. Es eterno, Infinito en poder, Santo en su naturaleza, atributos y propósitos. El posee una Divinidad absoluta e indivisible; es Infinito en su Inmensidad, Inconcebible en su modo de ser e Indescriptible en su Esencia; conocido completamente sólo por sí mismo, porque una mente infinita solo se puede comprender por sí misma. No tiene cuerpo ni partes y por tanto está libre de todas las limitaciones. 
El primer mandamiento de todos es: “Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es” (Marcos 12:29; Deuteronomio 6:4). “Para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios...” (1 Corintios 8:6).

3. JESUCRISTO
Creemos que Jesucristo nació milagrosamente del vientre de la virgen María, por obra del Espíritu Santo y que al mismo tiempo es el único y verdadero Dios (Romanos 9:5; 1 Juan 5:20). El mismo Dios del Antiguo Testamento tomó forma humana (Isaías 60:1-3). “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros...” (Juan 1:14). “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria” (1 Timoteo 3:16).
Creemos que en Jesucristo se mezclaron en una forma perfecta e incomprensible los atributos divinos y la naturaleza humana. Se llama el Hijo del Hombre porque El nació de la Virgen Maria en cuyo vientre tomó forma de hombre, y adquirió así su naturaleza humana. Se llama el Hijo de Dios porque fue engendrado del Espíritu Santo y participó así de la naturaleza divina. Él era humano a través de Maria, en cuyo vientre tomó la forma de hombre. Él es divino por medio del Espíritu Santo quien engendró a Maria. Así, se llama el Hijo de Dios e Hijo del Hombre.
Por tanto creemos que Jesucristo es Dios “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”, (Colosenses 2:9). Y creemos que la Biblia da a conocer todos sus atributos. Es Padre Eterno, a la vez es un niño que nos es nacido (Isaías 9:6). Es Creador de todo (Colosenses 1: 16, 17; Isaías 45:18). Es Omnipresente (Juan 3:13; Deuteronomio 4:39). Hacía maravillas como Dios Todopoderoso (Lucas 5:24-26; Salmos 86:10). Tiene potestad sobre el mar (Marcos 4:37-39; Salmos 107:29,30). Es el mismo siempre (Hebreos 13:8; Salmos 102:27).

4. EL ESPÍRITU SANTO
Creemos en el bautismo del Espíritu Santo, prometido por Dios en el Antiguo Testamento y derramado después de la glorificación del Señor Jesucristo, que es quien lo envía (Joel 2:28,29; Juan 7:37-39; 14:16-26; Hechos 2:1-4,16-18)

Creemos, además que la demostración de que una persona ha sido bautizada con el Espíritu Santo, son las nuevas lenguas o idiomas en que el creyente puede hablar y que ésta señal es también para nuestro tiempo.

Creemos también que el Espíritu Santo es potencia que permite testificar de Cristo (Hechos 1:8) y que sirve para la formación de un carácter cristiano más agradable a Dios (Galatas 5:22-25). El mismo Espíritu da dones a los hombres, que sirven para la edificación de la Iglesia (Romanos 12:6-8; 1 Corintios 12:1-12; Efesios 4:7-13). No aceptamos que haya en ningún hombre la facultad de impartir a otro algún don, pues “todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.” (1 Corintios 12:11). “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (Efesios 4:7).

Todos los miembros de la Asamblea Apostólica de la Fe en Cristo Jesús deben buscar el Espíritu Santo y tratar de vivir constantemente en el Espíritu, como lo recomienda Romanos 8:5-16; Efesios 5:18; Colosenses 3:5. 

5. EL BAUTISMO EN AGUA
Creemos en el bautismo en agua, por inmersión y en el Nombre de Jesucristo, el cual debe ser administrado por un ministro ordenado. El bautismo debe ser por inmersión, porque sólo así representa la muerte del hombre al pecado, que debe ser semejante a la muerte de Cristo (Romanos 6:1-5). Y en el Nombre de Jesucristo, porque ésta es la forma en que los apóstoles y ministros bautizaron en la edad primitiva de la Iglesia, según lo prueban las Sagradas Escrituras (Hechos 2:38; 8:16; 10:48; 19:6; 22:16). 

6. LA CENA DEL SEÑOR
Creemos en la práctica literal de la Cena del Señor que él mismo instituyó (Mateo 26:26-29; Marcos 14:22-25; Lucas 22:15-20; 1 Corintios 11:23-26). 
En esta ordenanza se debe usar pan sin levadura, que representa el cuerpo sin pecado de nuestro Señor Jesucristo, y vino sin fermentar, que representa la Sangre de Cristo, que consumó nuestra redención. El objeto de esta ceremonia es conmemorar la muerte de nuestro Señor Jesucristo y anunciar el día en que regresará al mundo y al mismo tiempo para dar testimonio de la comunión que existe entre los creyentes. Ninguna persona debe participar de este acto si no es miembro fiel de la Iglesia y está en plena comunión, pues al hacerlo sin cumplir estas condiciones, no podrá discernir el cuerpo del Señor (1 Corintios 10:15-17; 11:27,28; 2 Corintios 13:5). 
El Señor, al terminar de tomar una cena con sus apóstoles celebró un acto que de momento los maravilló y que fue el lavatorio de pies. Al terminar este acto, el Maestro explicó a sus discípulos el significado de él, y les recomendó que se lavasen los pies los unos a los otros. La Iglesia practica este acto en combinación con la Cena del Señor o indistintamente como un acto de humildad y confraternidad cristiana (1 Timoteo 5:10). 

7. LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO
Creemos en la resurrección literal de nuestro Señor Jesucristo que se efectuó al tercer día de su muerte, como lo relatan los evangelistas (Mateo 27:60-64; Marcos 16:1- 20; Lucas 24: 1-12, 36-44; Juan 20:12-20). Esta resurrección había sido anunciada por los profetas (Isaías 53: 12) y es necesaria para nuestra esperanza y justificación (1 Corintios 15:20; Romanos 4:25).

8. LA RESURRECCIÓN DE JUSTOS E INJUSTOS 
 Creemos que habrá una resurrección literal de los muertos en el Señor, en la cual serán cubiertos con un cuerpo glorificado y espiritual, con el cual vivirán para siempre en la presencia del Señor (Juan 5:29; Hechos 24: 15; 1 Tesalonicenses 4:16; Job 19:25-27; Salmos 17:15; 1 Corintios 15:35-54). Los cristianos que estén en pie, en el momento en que el Señor recoja a su Iglesia serán igualmente transformados y así irán a estar con el Señor para siempre en gloria (1 Tesalonicenses 4:18; 1 Corintios 15: 51,52). 

Creemos también que habrá resurrección de injustos pero estos despertarán del sueño de la tumba sólo para ser juzgados y oír la dura sentencia que los hará herederos del fuego eterno (Mateo 25:26; Juan 5:29; Apocalipsis 20:12-15; Marcos 9:44; Daniel 12:2). 

9. EL RECOGIMIENTO DE LA IGLESIA Y EL MILENIO 
Creemos que la Iglesia, compuesta por los muertos en el Señor y los fieles que estén sobre la tierra en el momento del Rapto, será levantada para ir a encontrar a su Señor en los aires y participar en las Bodas del Cordero. Después vendrá con el Señor a la tierra para hacer el juicio de las naciones y reinar con Cristo mil años. Este período será precedido por la Gran Tribulación y la batalla del Armagedón, a la cual dará fin el Señor cuando descienda sobre el Monte de los Olivos con todos sus santos (1 Tesalonicenses 4:13-17; 1 Corintios 15:51-54; Filipenses 3:20,21; Isaías 65:17-25; Daniel 7:27; Miqueas 4:1-3; Zacarías 14:1-16; Mateo 5:5; Romanos 11:25- 27; Apocalipsis 20:1-5). 

10. EL JUICIO FINAL 
Creemos que hay un juicio preparado en el cual participarán todos los hombres que hayan muerto sin Cristo y los que estén sobre la tierra en el tiempo de su verificación. Este juicio se efectuará al final del milenio y también se conoce con el nombre de Juicio del Trono Blanco. La Iglesia no será juzgada en esta ocasión, sino que ella misma intervendrá en el juicio que se haga a todos los hombres de acuerdo con lo que está escrito en los libros que Dios tiene preparados. Al terminarse este juicio, los cielos y la tierra que hoy existen serán renovados por fuego y los fieles habitarán en la Nueva Jerusalén. La dispensación cristiana habrá terminado y entonces Dios volverá a ser todas las cosas en todos (Daniel 7:8-10, 14, 18; 1 Corintios 6:2,3; Romanos 2; 16; 14; 1 Corintios 5:10; Apocalipsis 20:5-15; 21:1-6). 







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